El hombre, polvo alado,
fraguado en las aguas del amor,
se fue. Por desiertos de pecado
su alma se secó.
Hoy retorna un hombre original
a los senos termales del perdón,
primogénito del barro
que se adentra en el espejo,
y emerge con sonrisa bautizada
al respirar a Dios.
¡Saberse nuevo, familiarizado
en su Voz!