Allí enseñó a orar: Padre,
aunque hayan huido los buenos
amigos y sentimientos,
me hago cargo de las culpas,
dolores y arrepentimientos.
Perdona porque perdono,
mas no dejes que me caiga
en tentación de hundimiento.
Entonces recibió el pan,
el ángel de cada día
que Dios envía a quien reza:
¡hágase tu voluntad!